Tenerife es una isla muy abrupta y volcánica, cuyo relieve ha sido esculpido por sucesivas erupciones a lo largo de la historia (la más reciente fue la del Chinyero en 1909).[9
La abrupta orografía isleña y su variedad de climas dan como resultado un territorio de múltiples paisajes y formas, desde el Parque Nacional del Teide con su amalgama de colores fruto de las sucesivas erupciones volcánicas, hasta los Acantilados de Los Gigantes con sus paredes verticales, pasando por zonas semidesérticas con plantas resistentes a la sequedad en el sur, o por ambientes de carácter meramente volcánico como es el Malpaís de Güímar.
También cuenta con playas naturales como la de El Médano —con parajes protegidos en su entorno como Montaña Roja y Montaña Pelada— valles con cultivos tropicales y subtropicales, boscosos parajes de laurisilva en los macizos de Anaga y Teno —con profundos y escarpados barrancos— y extensos bosques de pinos por encima de esta última formación vegetal.